Seguramente el primer ejemplo de mujer sufragista inglesa del que muchos tengamos conciencia, sea el de Winifred Banks, aquella madre coraje de los niños a los que Mary Poppins iba a cuidar; que se presentaba en la película con el magnífico tema Sister Suffragette, en representación del valiente grupo de mujeres que desafió a la sociedad victoriana de finales del siglo XIX con sus “descabelladas” reivindicaciones de los derechos de la mujer y con el principal objetivo de alcanzar el derecho al voto. Figuras que rescata la película británica Suffragette, estrenada el pasado 18 de Diciembre en España.

La película, dirigida por Sarah Gavron, con guión de Abi Morgan y protagonizada por Carey Mulligan, cuenta la historia de las sufragistas británicas que a principios del siglo XX y antes de que empezase la primera Guerra Mundial, vieron que sus protestas pacíficas no servían de nada y comenzaron a radicalizarse y a organizarse en actividades vandálicas y violentas; destrozando escaparates, quemando buzones o rompiendo ventanas, con el propósito de llamar la atención de un gobierno que les negaba cualquier derecho.

En 1903 nace de la mano de Emmeline Pankhurst y otras mujeres socialistas del Partido Laborista Independiente, el grupo sufragista más importante: la WSPU (Women's Social and Political Union) con el lema “Vote for Women” (voto para las mujeres). Este partido comenzó a aprovechar cualquier oportunidad para reivindicar su postura, acudiendo a mítines y enseñando pancartas con el lema mencionado anteriormente o manifestandose en frente del parlamento. Sin embargo, cuando sus actividades se radicalizaron, muchas mujeres abandonaron la asociación. Las que siguieron en la lucha y decidieron recurrir al vandalismo, fueron encarceladas en numerosas ocasiones y desde las carceles llevaron a cabo huelgas de hambre. La mayoría tuvieron que ser obligadas a comer a la fuerza cuando empezaban a debilitarse, pues el gobierno no pensaba permitir que se convirtieran en martires ante la opinión publica. A pesar de ello, las huelgas de hambre de las activistas encarceladas dieron una gran publicidad al movimiento.

Los cambios políticos, económicos y sociales que vinieron unidos a lo que los historiadores llaman la Segunda Revolución Industrial, iniciada en 1970, propiciaron una clara aceleración de este movimiento feminista que revolucionó la sociedad británica de finales del s. XIX. En la Gran Bretaña del momento, el 70 por ciento de las mujeres solteras entre 20 y 45 años tenían un trabajo remunerado. Sin embargo las diferencias en sus condiciones de trabajo con respecto a las de sus compañeros, eran abismales. Esto empezó a originar una conciencia de desigualdad y favoreció que aparecieran los primeros movimientos, que reclamaban para la mujer el derecho a la educación y la capacidad de decidir por sí misma su propio destino.

Las primeras reivindicaciones estuvieron inspiradas por el libro “Vindicación de los derechos de la mujer” escrito por Mary Wollstonecraft y que estaba basado en los principios pedagógicos de la obra de Rousseau, los cuales rebatía. En sus escritos Rousseau afirmaba que las mujeres debían recibir una educación diferente a la de los varones, pues ellas "estaban hechas para agradar". En su obra Wollstonecraft defendía que las mujeres recibieran una educación de la misma calidad y extensión que la de hombres.

Poco después apareció el tema del sufragio, cuando una mujer de clase alta, Mary Smith, solicitó el reconocimiento de su voto basándose en que pagaba impuestos.

Sin embargo, el asunto no consiguió la suficiente trascendencia hasta que comenzó la Primera Guerra Mundial y fue necesario contar con mujeres para que ocuparan los puestos que los hombres dejaban vacantes por acudir al frente. Este desgraciado acontecimiento brindó a las mujeres la oportunidad de demostrar que eran perfectamente capaces de realizar, con la misma eficacia, las tareas y trabajos de los hombres; así empezaron a tener conciencia de su valía y a reclamar con más fuerza sus derechos.

Los principales objetivos del movimiento eran conseguir el derecho al voto, mejorar la educación, la capacitación profesional y la apertura de nuevos horizontes laborales además de la equiparación de sexos en la familia como medio para evitar la subordinación de la mujer y la doble moral social. Y es que en la época, las mujeres no tenían derecho a ser las tutoras legales de sus hijos junto a los padres y dependían completamente de la voluntad de sus maridos.

A través del personaje de Maud Watts (Carey Mulligan) se proyecta el punto de vista y la experiencia de aquellas mujeres que vivieron en estas condiciones y decidieron hacer algo por cambiarlas. Aquellas que no  tuvieron más remedio que radicalizarse y usar los actos vandálicos en su lucha para convencer al gobierno de que merecían ser tenidas en cuenta, arriesgando sus casas, trabajos, familias e incluso la vida, por la dignidad y los derechos de la mujer.

Emmeline Pankhurst (personaje interpretado en la película por Meryl Streep) fue una de estas mujeres y uno de los nombres más importantes del movimiento. Nació en 1858 y fue una de las primeras figuras que dedicó su vida entera a la causa del sufragismo. Siempre vivió cerca de personas que apoyaban y defendían los derechos de la mujer; sus padres, su marido y sus hijas (que la acompañaron en numerosas manifestaciones, mítines y actividades y fueron detenidas con ella en varias ocasiones). Tuvo una educación privilegiada  y la suerte de nacer en una familia con ideas muy modernas para la época y que ofreció una educación equitativa a sus hijos, tanto hombres como mujeres (perteneció a una familia de diez hermanos). Murió en 1928, el mismo año en que pudo ver como su sueño se hacía realidad y el sufragio femenino se aprobaba en Inglaterra con las mismas condiciones que disfrutaban los hombres. Sus tácticas militares fueron duramente criticadas y numerosos historiadores difieren sobre la efectividad de las mismas, sin embargo, su trabajo se considera fundamental para la obtención del voto de las mujeres en Gran Bretaña.

En 1918 se reconoce por primera vez el derecho al voto de las mujeres mayores de 30 años, siempre y cuando ellas o sus maridos estén en posesión de una propiedad.

Ese mismo año se modifica la ley para que las mujeres puedan presentarse al parlamento. El 14 de diciembre 8,5 millones de mujeres votan por primera vez en unas elecciones parlamentarias. En 1928 mediante la “Equal Franchise Act” se reconoce el voto a las mujeres mayores de 21 años, equiparando los derechos electorales de hombres y mujeres. Entonces, ni más ni menos que 15 millones de mujeres pueden así ejercer su derecho al voto y la representación parlamentaria.

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                         Después de años de lucha, las británicas pudieron votar por primera vez en igualdad de derecho respecto a los hombres, el 30 de mayo de 1928, 137 años después de la publicación de las 'Vindicaciones de los derechos de la mujer' de Mary Wollstonecraft.

La película refleja, sobretodo, la dureza de esa lucha y los sacrificios que aquellas mujeres tuvieron que llevar a cabo para conseguir un derecho tan elemental como el de tener voz y formar parte de la sociedad siendo un individuo más de pleno derecho. Os la recomiendo encarecidamente.

 


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